jueves, 26 de marzo de 2009
Charla-debate sobre el género fantástico y el policial
El Centro cultural de la cooperación Floreal Gorini y Umlaut Media Press organiza la charla - debate: EL GÉNERO FANTÁSTICO Y EL POLICIAL.
Será "una charla entre amigos" en la que se conversará sobre los elementos y
procedimientos que se emplean para armar un relato fantástico o policial. Se
analizarán algunos textos y el público podrá intervenir mediante el aporte
de información, dudas y preguntas.
Participan: Fernando Sorrentino, Juan José Delaney y Marcelo di Marco.
Coordinación: Gabriela Pomi
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
Centro cultural de la cooperación Floreal Gorini
Dirección: Av. Corrientes 1543
Ciudad de Buenos Aires, Arg.
Informes: (011) 5077-8000
Fecha: 27 de Marzo
Sala: Jacobo Laks
Piso: 3.º
Horario: 19.00 hs
Fernando Sorrentino nació en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1942. Es
profesor de Literatura. Sus cuentos se caracterizan por entrelazar de manera
muy sutil, y casi subrepticia, la realidad con la fantasía, de manera que el
lector no siempre logra determinar dónde termina la primera y empieza la
segunda. Suele partir de situaciones muy "normales" y "cotidianas" que,
paulatinamente, se van enrareciendo y convirtiéndose en insólitas o
turbadoras, pero siempre recorridas por un arroyo sinuoso de sorprendente
sentido del humor.
Algunos de sus libros de relatos son Imperios y servidumbres (1972), El
mejor de los mundos posibles (1976), Sanitarios centenarios (1979), En
defensa propia (1982), El rigor de las desdichas (1994), Existe un hombre
que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza (2005), El
regreso (2005). Entre sus obras para chicos pueden citarse Cuentos del
Mentiroso, La recompensa del príncipe, La venganza del muerto, Aventuras del
capitán Bancalari, Burladores burlados. También es autor de dos libros de
entrevistas Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (1974) y Siete
conversaciones con Adolfo Bioy Casares (1992).
Juan José Delaney nació en Buenos Aires en 1954. Es profesor de Letras,
egresado de la Universidad del Salvador donde actualmente se desempeña como
titular del Seminario de Literatura Argentina II. Es Colaborador en
distintos medios como La Nación, Buenos Aires Herald y "Todo es Historia",
fundó y dirigió "El gato negro", revista de narrativa policial y de
misterio.
Ha publicado los siguientes libros: Papeles del desierto (cuentos,
1974-2004), Tréboles del sur (cuentos, 1994), Moira Sullivan (novela, 1999)
y Marco Denevi y la sacra ceremonia de la escritura (ensayo
biobibliográfico, 2006).
Dirige para Ediciones Corregidor la colección "Voces Celtas en América" en
la que este año se publicará una nouvelle de su autoría titulada El último
emigrante.
Marcelo di Marco (Buenos Aires, 1957).
Coordina grupos de escritura creativa desde 1979. Ha editado unos quince
títulos de poesía, narrativa y ensayo. Sus libros más conocidos tratan sobre
estilo y técnicas de creación literaria, y son de habitual aplicación en
talleres y ámbitos periodísticos y académicos del país y del extranjero. En
el mismo mes de abril de 2008, Random House Mondadori lanzó las terceras
ediciones de Atreverse a escribir y Atreverse a corregir, y la cuarta
edición de Taller de corte y corrección. Con El fantasma del Reich, libro
de cuentos fantásticos y de horror, Di Marco ganó el Concurso 1994 de la
Fundación Antorchas, y la obra fue publicada al año siguiente por Editorial
Sudamericana. En 2005 fundó La Abadía de Carfax, círculo de escritores de
horror y fantasía, grupo que en 2006 publicó su primera antología de
relatos. A mediados de los 90, Marcelo di Marco fue secretario de redacción
de las revistas Neuromante Inc. y La cosa, y dictó talleres de literatura
fantástica en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Como consultor
del Plan Lectura, actualmente viaja por todo el país para dar talleres
literarios y conferencias sobre su especialidad.
Feria de Libros y Apuntes (aún hay oportunidades!)
Sin embargo, para aquellos que se hayan quedado con las ganas, o que sigan sin encontrar algo, o que no pudieron vender algo, en el Centro aún quedan oportunidades para revivir, en cierta forma, esta experiencia cultural-comercial de gran provecho. Los que estén interesados en seguir comprando o vendiendo, entonces, no duden en pasar por el Centro para dejar su material (con nombre, curso y precio, por favor), o para terminar de encontrar lo que les anda faltando.
sábado, 14 de marzo de 2009
Primer Autor de la Semana - 2009
Como es propio de nuestro blog, esta primera semana de cursada presentamos a un autor. Para variar un poco, elegimos algo de prosa: dos ácidas "fabulitas" -etiqueta, tal vez, demasiado inocente- de Ambroise Bierce (1842 - 1914). ¡Que las disfruten! ¡Déjennos sus comentarios!
El Zorro y el Pato
Un Zorro y un Pato habían disputado sobre la propiedad de una rana, y llevaron el asunto ante un León. Después de oír una enorme cantidad de argumentos de uno y de otro, el León abrió la boca para emitir juicio.
—Ya sé cuál es tu decisión —dijo el Pato, interrumpiendo—. Es que de acuerdo con nuestra propia exposición, la rana no pertenece a ninguno de nosotros dos, y que tú te la comerás. Permíteme decirte que esto es injusto, como lo demostraré.
—Para mí está claro —dijo el Zorro— que tú darás la rana al Pato, y me darás el Pato a mí, y luego me comerás a mí. No me falta experiencia acerca de la ley.
—Estaba por decirles —dijo el León, bostezando—, que durante la discusión de este caso, la propiedad en disputa se fue a los saltos. Quizá puedan procurarse otra rana.
El León y la espina
Un León que vagaba por el bosque se clavó una espina en la pata, y al encontrar a un Pastor, le pidió que se la extrajera. El Pastor lo hizo, y el León, que estaba saciado porque acababa de devorar a otro pastor, siguió su camino sin hacerle daño. Algún tiempo después, el Pastor fue condenado, a causa de una falsa acusación, a ser arrojado a los leones en el anfiteatro. Cuando las fieras estaban por devorarlo, una de ellas dijo:
—Este es el hombre que me sacó la espina de la pata.
Al oír esto, los otros leones, honorablemente, se abstuvieron, y el que había hablado se comió él solo al Pastor.
Para no aligerar demasiado el bolsillo...
La idea es que todos lleven los libros que quieran vender con el precio en lápiz y su nombre durante los recreos del martes 17 y el miércoles 18. No sólo pueden vender los libros que se leen en la carrera, sino también todos los libros que ya no quieran más.
Además, pueden llevar apuntes, fotocopias, resúmenes y todo lo que les parezca que puede ser útil para alguien de la carrera.
Si no tienen nada para vender, se pueden acercar al centro para comprar cosas, o simplemente para ver si encuentran algo que les pueda llegar a interesar.
Ante cualquier consulta pueden ir al centro o mandar un mail a celetras.uca@gmail.com.
Esperamos que puedan disfrutar y aprovechar esta propuesta, que presenta una oportunidad más que importante para ahorrar un poco, y para realizar una nueva actividad con nuestros compañeros de carrera.
jueves, 19 de febrero de 2009
La poesía ataca de nuevo...
Leí todos los libros y es, ¡ay! , la carne triste.
¡huir, huir muy lejos! Ebrias aves se alejan
entre el cielo y la espuma. Nada de lo que existe,
ni los viejos jardines que los ojos reflejan,
ni la madre que, amante, da leche a su criatura,
ni la luz que en la noche mi lámpara difunde
sobre el papel en blanco que defiende su albura
retendrá al corazón que ya en el mar se hunde.
¡Yo partiré! ¡Oh, nave, tu velamen despliega
y leva al fin las anclas hacia incógnitos cielos!
Un tedio, desolado por la esperanza ciega,
confía en el supremo adiós de los pañuelos.
Y tal vez, son tus mástiles de los que el viento lanza
sobre perdidos náufragos que no encuentran maderos,
sin mástiles, sin mástiles, ni islote en lontananza…
Corazón, oye cómo cantan los marineros!
Stéphan Mallarmé
viernes, 13 de febrero de 2009
Más genialidades... Hoy: T. S . Eliot

Si quieren relajarse y no pensar, definitivamente quédense con los chistes de Liniers: el indudable maestro T. S. Eliot nos llenará de imágenes insólitamente fascinantes y de referencias cultas, nos hará sentir en cada respiración un pequeño gemido, un suspiro de admiración... No es una experiencia sencilla, pero no podemos dejar de recomendarla. Con ustedes, aunque probablemente ya lo conozcan, una pequeña muestra del talento de este verdadero hombre de letras:
Fragmento de "Lo que dijo el trueno"
(Parte V de La tierra baldía, 1922)
Después del rojo de antorchas en caras sudorosas
Después del silencio escarchado en los jardines
después de la agonía en pétreos lugares
el gritar y el clamar
cárcel y palacio y retumbar
del trueno de primavera tras montañas lejanas
Aquel que vivía ahora está muerto
nosotros que vivíamos estamos ahora muriendo
con un poco de paciencia
Aquí no hay agua sino sólo roca
roca y nada de agua en el camino arenoso
el camino serpenteando allá arriba entre las montañas
si hubiera agua nos detendríamos a beber
entre la roca uno no puede pararse ni pensar
el sudor está seco y los pies están en la arena
con tal que hubiera agua entre la roca
montaña muerta boca de dientes cariados que no puede escupir.
Aquí uno no se puede quedar ni parado ni tenderse ni sentarse
no hay silencio en las montañas
sino seco trueno estéril sin lluvia
no hay ni soledad en las montañas
sino hoscas caras rojas que gruñen y miran con desprecio
desde puertas de casas de barro agrietado
Si hubiera agua
Y no roca
Si hubiera roca
y también agua
y agua
una fuente
un charco entre la roca
si hubiera ruido del agua sólo
no la chicharra
y la hierba seca cantando
sino ruido de agua sobre una roca
donde el zorzal canta en los pinos
plip plop plip plop plop plop plop
pero no hay agua
¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado?
cuando cuento, sólo estamos tú y yo juntos
pero cuando miro adelante por el camino blanco
siempre hay otro caminando a tu lado
deslizándose envuelto en un pardo manto, encapuchado
no sé si hombre o mujer
—pero ¿quién es quien va al otro lado tuyo?
¿Qué es ese sonido alto en el aire
murmullo de lamento materno,
quiénes son esas hordas encapuchadas pululando
por llanuras sin fin, tropezando en tierra agrietada
cercada sólo por el liso del horizonte
qué es esa ciudad sobre las montañas
que se agrieta y se reforma y estalla en aire violeta
torres que caen
Jerusalén Atenas Alejandría
Viena Londres
irreales?
Una mujer se recogió apretado el largo pelo negro
y violines música de susurros en esas cuerdas
y murciélagos con caras de niñitos a la luz violeta
silbaron, y agitaron las alas
y reptaron cabeza abajo por una pared ennegrecida abajo
y patas arriba en el aire había torres
repicando campanas reminiscentes, que daban las horas
y voces que cantaban desde cisternas vacías y pozos agotados.
En este agujero hechado a perder entre las montañas
en la leve luz de la luna, la hierba canta
sobre las tumbas derribadas, en torno a la capilla
está la capilla vacía, sólo el hogar del viento.
No tiene ventanas, y la puerta oscila,
huesos secos no pueden hacer daño a nadie.
Sólo un gallo se irguió en la viga maestra
qui qui riquí qui qui riquí
en un destello de relámpago. Luego la húmeda ráfaga
trayendo lluvia
(…)
domingo, 1 de febrero de 2009
Algo más para las vacaciones... o para achicar el pánico


También les recordamos que pueden mostrar algo de lo que fueron sus vacaciones en el álbum de la carrera, en http://picasaweb.google.com/celetras.uca. Envíennos sus fotos a celetras.uca@gmail.com o a frodimarco@interlink.com.ar.
viernes, 2 de enero de 2009
Algo para las vacaciones...
Con ustedes: H. P. Lovecraft, el maestro del terror estadounidense de principios del siglo XX. Aquí presentamos un fragmento de la primera parte de unos de sus más brillantes relatos, "El Horror de Dunwich", acompañado por una viñeta de la historieta del argentino Alberto Breccia que se basa en la obra de Lovecraft. Esperamos que lo difruten, y que les pique el bichito ("bichito") de la fascinación del horror, para seguir un poco más a este autor que vale la pena leer...
EL HORROR DE DUNWICH
Cuando el que viaja por el norte de la región central de Massachusetts se equivoca de dirección al llegar al cruce de la carretera de Aylesbury nada más pasar Dean's Corners, verá que se adentra en una extraña y apenas poblada comarca. El terreno se hace más escarpado y las paredes de piedra cubiertas de maleza van encajonando cada vez más el sinuoso camino de tierra. Los árboles de los bosques son allí de unas dimensiones excesivamente grandes, y la maleza, las zarzas y la hierba alcanzan una frondosidad rara vez vista en las regiones habitadas. Por el contrario, los campos cultivados son muy escasos y áridos, mientras que las pocas casas diseminadas a lo largo del camino presentan un sorprendente aspecto uniforme de decrepitud, suciedad y ruina. Sin saber exactamente por qué, uno no se atreve a preguntar nada a las arrugadas y solitarias figuras que, de cuando en cuando, se ve escrutar desde puertas medio derruidas o desde pendientes y rocosos prados. Esas gentes son tan silenciosas y hurañas que uno tiene la impresión de verse frente a un recóndito enigma del que más vale no intentar averiguar nada. Y ese sentimiento de extraño desasosiego se recrudece cuando, desde un alto del camino, se divisan las montañas que se alzan por encima de los tupidos bosques que cubren la comarca. Las cumbres tienen una forma demasiado ovalada y simétrica como para pensar en una naturaleza apacible y normal, y a veces pueden verse recortados con singular nitidez contra el cielo unos extraños círculos formados por altas columnas de piedra que coronan la mayoría de las cimas montañosas.
El camino se halla cortado por barrancos y gargantas de una profundidad incierta, y los toscos puentes de madera que los salvan no ofrecen excesivas garantías al viajero. Cuando el camino inicia el descenso, se atraviesan terrenos pantanosos que despiertan instintivamente una honda repulsión, y hasta llega a invadirle al viajero una sensación de miedo cuando, al ponerse el sol, invisibles chotacabras comienzan a lanzar estridentes chillidos, y las luciérnagas, en anormal profusión, se aprestan a danzar al ritmo bronco y atrozmente monótono del horrísono croar de los sapos. Las angostas y resplandecientes aguas del curso superior del Miskatonic adquieren una extraña forma serpenteante mientras discurren al pie de las abovedadas cumbres montañosas entre las que nace.
A medida que el viajero va acercándose a las montañas, repara más en sus frondosas vertientes que en sus cumbres coronadas por altas piedras. Las vertientes de aquellas montañas son tan escarpadas y sombrías que uno desearía que se mantuviesen a distancia, pero tiene que seguir adelante pues no hay camino que permita eludirlas. Pasado un puente cubierto puede verse un pueblecito que se encuentra agazapado entre el curso del río y la ladera cortada a pico de Round Mountain, y el viajero se maravilla ante aquel puñado de techumbres de estilo holandés en ruinoso estado, que hacen pensar en un período arquitectónico anterior al de la comarca circundante. Y cuando se acerca más no resulta nada tranquilizador comprobar que la mayoría de las casas están desiertas y medio derruidas y que la iglesia - con el chapitel quebrado - alberga ahora el único y destartalado establecimiento mercantil de toda la aldea. El simple paso del tenebroso túnel del puente infunde ya cierto temor, pero tampoco hay manera de evitarlo. Una vez atravesado el túnel, es difícil que a uno no le asalte la sensación de un ligero hedor al pasar por la calle principal y ver la descomposición y la mugre acumuladas a lo largo de siglos. Siempre resulta reconfortante salir de aquel lugar y, siguiendo el angosto camino que discurre al pie de las montañas, cruzar la llanura que se extiende una vez traspuestas las cumbres montañosas hasta volver a desembocar en la carretera de Aylesbury. Una vez allí, es posible que el viajero se entere de que ha pasado por Dunwich.
Apenas se ven forasteros en Dunwich, y tras los horrores padecidos en el pueblo todas las señales que indicaban cómo llegar hasta él han desaparecido del camino. No obstante ser una región de singular belleza, según los cánones estéticos en boga, no atrae para nada a artistas ni a veraneantes. Hace dos siglos, cuando a la gente no se le pasaba por la cabeza reírse de brujerías, cultos satánicos o siniestros seres que poblaban los bosques, daban muy buenas razones para evitar el paso por la localidad.
Pero en los racionales tiempos que corren - silenciado el horror que se desató sobre Dunwich en 1928 por quienes procuran por encima de todo el bienestar del pueblo y del mundo - la gente elude el pueblo sin saber exactamente por qué razón. Quizá el motivo de ello radique - aunque no puede aplicarse a los forasteros desinformados - en que los naturales de Dunwich se han degradado de forma harto repulsiva, habiendo rebasado con mucho esa senda de regresión tan común a muchos apartados rincones de Nueva Inglaterra. Los vecinos de Dunwich han llegado a constituir un tipo racial propio, con estigmas físicos y mentales de degeneración y endogamia bien definidos. Su nivel medio de inteligencia es increíblemente bajo, mientras que sus anales despiden un apestoso tufo a perversidad y a asesinatos semiencubiertos, a incestos y a infinidad de actos de indecible violencia y maldad. La aristocracia local, representada por los dos o tres linajes familiares que vinieron procedentes de Salem en 1692, ha logrado mantenerse algo por encima del nivel general de degeneración, aunque numerosas ramas de tales linajes acabaron por sumirse tanto entre la sórdida plebe que sólo restan sus apellidos como recordatorio da origen de su desgracia. Algunos de los Whateley y de los Bishop siguen aún enviando a sus primogénitos a Harvard y Miskatonic, pero los jóvenes que se van rara vez regresan a las semiderruidas techumbres de estilo holandés bajo las que tanto ellos como sus antepasados nacieron y crecieron.
Nadie, ni siquiera quienes conocen los motivos por los que se desató el reciente horror, puede decir qué le ocurre a Dunwich, aunque las viejas leyendas aluden a idolátricos ritos y cónclaves de los indios en los que invocaban misteriosas figuras provenientes de las grandes montañas rematadas en forma de bóveda, al tiempo que oficiaban salvajes rituales orgiásticos contestados por estridentes crujidos y fragores salidos del interior de las montañas. En 1747, el reverendo Abijah Hoadley, recién incorporado a su ministerio en la iglesia congregacionalista de Dunwich, predicó un memorable sermón sobre la amenaza de Satanás y sus demonios que se cernía sobre la aldea en el que, entre otras cosas, dijo:
-No puede negarse que semejantes monstruosidades integrantes de un infernal cortejo de demonios son fenómenos harto conocidos como para intentar negarlos. Las impías voces de Azazel y de Buzrael, de Belcebú y de Belial, las oyen hoy saliendo de la tierra más de una veintena de testigos de toda confianza. Y hasta yo mismo, no hará más de dos semanas, pude escuchar toda una alocución de las potencias infernales detrás de mi casa. Los chirridos, redobles, quejidos, gritos y silbidos que allí se oían no podían proceder de nadie de este mundo, eran de esos sonidos que sólo pueden salir de recónditas simas que únicamente a la magia negra le es dado descubrir y al diablo penetrar.
No había pasado mucho tiempo desde la lectura de este sermón cuando el reverendo Hoadley desapareció sin que se supiera más de él, si bien sigue conservándose el texto del sermón, impreso en Springfield. No había año en que no se oyese y diese cuenta de estrepitosos fragores en el interior de las montañas, y aún hoy tales ruidos siguen sumiendo en la mayor perplejidad a geólogos y fisiógrafos.
Otras tradiciones hacen referencia a fétidos olores en las inmediaciones de los círculos de rocosas columnas que coronan las cumbres montañosas y a entes etéreos cuya presencia puede detectarse difusamente a ciertas horas en el fondo de los grandes barrancos, mientras otras leyendas tratan de explicarlo todo en función del Devil's Hop Yard, una ladera totalmente baldía en la que no crecen ni árboles, ni matorrales ni hierba alguna. Por si fuera poco, los naturales del lugar tienen un miedo cerval a la algarabía que arma en las cálidas noches la legión de chotacabras que puebla la comarca.
Afirman que tales pájaros son psicopompos que están al acecho de las almas de los muertos y que sincronizan al unísono sus pavorosos chirridos con la jadeante respiración del moribundo. Si consiguen atrapar el alma fugitiva en el momento en que abandona el cuerpo se ponen a revolotear al instante y prorrumpen en diabólicas risotadas, pero si ven frustradas sus intenciones se sumen poco a poco en el silencio.
Claro está que dichas historias ya no se oyen y no hay quien crea en ellas, pues datan de tiempos muy antiguos. Dunwich es un pueblo increíblemente viejo, mucho más que cualquier otro en treinta millas a la redonda. Al sur aún pueden verse las paredes del sótano y la chimenea de la antiquísima casa de los Bishop, construida con anterioridad a 1700 en tanto que las ruinas del molino que hay en la cascada, construido en 1806, constituyen la pieza arquitectónica más reciente de la localidad. La industria no arraigó en Dunwich y el movimiento fabril del siglo XIX resultó ser de corta duración en la localidad. Con todo, lo más antiguo son las grandes circunferencias de columnas de piedra toscamente labradas que hay en las cumbres montañosas, pero esta obra se atribuye por lo general más a los indios que a los colonos. Restos de cráneos y huesos humanos, hallados en el interior de dichos círculos y en torno a la gran roca en forma de mesa de Sentinel Hill, apoyan la creencia de que tales lugares fueron en otras épocas enterramientos de los indios pocumtuk, aun cuando numerosos etnólogos, obviando la práctica imposibilidad de tan disparatada teoría, siguen empeñados en creer que se trata de restos caucásicos.
lunes, 24 de noviembre de 2008
Para conocerte aún mejor
- Nombre: Marina di Marco
- Alias: Aurora, Batichica, Mrs. Orson Wells
- Curso: Primer año
- Estado civil: solita y sin apuro
- Materia favorita: Teoría Literaria, Teoría de la Comunicación
- Profesor favorito: P. Taubenschlag/Lastra Paz
- Libro favorito: El corazón de las tinieblas (Conrad) / Juventud (Conrad)… Es muy difícil decidir!!!
- Autor favorito: Joseph Conrad (era obvia)
- Frases que siempre dice: “Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
- Frases que nunca quiere oír: “…la industria cultural. ¿Y qué es la industria cultural? Es la producción en serie de bienes simbólicos…”
- Algo más sobre ella: también le gusta mucho la ópera. Siempre deja las cuestiones administrativas (inscripción a los finales...) para último momento. Le gusta el alfajor Águila Blanco, pero no suele comerlo porque pretende hacer dieta (y porque las medialunas de barra salen más baratas...). Ama los picnics a la orilla del río. Le cuesta entrar a la Biblioteca (y salir, ni que hablar...), y encontrar un libro puede ser para ella todo un safari.
jueves, 20 de noviembre de 2008
Álbum de fotos de la carrera
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Comunidad de Letras: somos más, soñamos más...